INDOLENCIA
mi enojo paciente,
abnegado
es la sentencia
del juez
comprado y
obsecuente
en su atrio, suntuoso,
lejano
que no merecen perdón,
ni funeral
mi alma jactanciosa,
trágica vanidad
de los paseantes,
domingo a la tarde
alucinaciones alienadas
poetas leídos a
escondidas en plazas oscuras,
proyecciones de
mis estrellas
titilando en el
negro firmamento
sólo eso, lo aceptamos
dócilmente,
sin la sangre
joven, gruñendo abismal
la mano que
entrega
el abrazo que no
llega
la palabra
verdadera
gruñe, el alma
liberada
Marcelo Daniel González Cantarero
San Juan, Argentina
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